Castañas tempranas 

Pronto han llegado a Sevilla los primeros puestos de castañas.  Parecen extraños adelantados al frío, aunque supongo que el que la lleva la entiende. Será porque habrá quien las compre cuando tenemos temperaturas que aún son capaces de animarse a los treinta grados.

Da la impresión de que la vida, de unos años acá, llega en todo cuanto antes. Es como aparecer a deshora por la conserjería de un hotel sin tener desalojada la habitación que has de ocupar. Se diría que ningún mes espera ya ni su turno ni su estación. Y que los calendarios tienen los casilleros vacíos de fechas fijas. Hasta mantecados, turrones y alfajores traen una prisa de Navidad por octubre. La impaciencia ha ganado a las tradiciones. Y el puesto de castañas busca en vano su noche de invierno y de frío, esa por la que trepa el vaho de humo blanco de sus candelas que decora de niebla nuestras calles. Tampoco llevo yo el abrigo de los bolsillos helados donde caliente mis manos al guardar un cartucho.




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