Aquella sana ignorancia

Hoy se puede hacer la guerra sin declararla. Países como Estados Unidos tienen con China el virus detrás de la oreja. Demandan explicaciones sobre el terrorífico laboratorio de Wuhan. No se fían de las casualidades. Y mucho menos de las casualidades comunistas. Porque lo que ha pasado en aquel laboratorio no tiene nada que ver con que explote una fábrica de pirotecnia en Umbrete. Durante años ya nos contaban las posibilidades de guerras bacteriológicas a la altura de las nucleares. ¿Esta es la primera de ellas como un espantoso ensayo de las que vinieran?

Preferiría no pensar tanto. Estoy deseando que me regresen a mi estado natural de hombre que tiene bastante con cuatro rayos de sol en la cabeza, sin necesidad de tantas ideas, conjeturas, amenazas y sospechas que dan pánico. Estoy deseando reconocer cuanto antes lo que siempre fue vivir. Empiezo a comprender a los peces fuera del agua sabiendo lo que somos los humanos encerrados en nuestras casas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *