Andares 

Son los pies de bronce de Curro Romero en su monumento junto La Maestranza. 

El próximo jueves, día 22, van a cumplirse 20 años sin el Faraón en los ruedos. Los mismos que cumplirá mucha gente que no ha vuelto a las plazas desde que no las pisa Curro. Tal fue la huella de su torería de sevillanísimo arte.

Por ver esos pies y esos andares sobre el albero del coso del Baratillo,  muchos se daban por satisfechos después de pagar su entrada. Nadie hizo ni volverá a hacer el paseíllo como Curro, aquel que muchas tardes hizo cubrir la arena con gloria de Romero. El mismo que dejaba grabada en las retinas de todos la escultura del vuelo de su capote. Curro Romero: del que se canta la crónica de Javier Jiménez Sánchez-Dalp, que escribió cómo todo el mundo salía de la Plaza siendo “torero del aire con una mano”. 

Ese pedestal es una auténtica memoria de los mejores andares que sólo por verse, y todo hay que decirlo, fueron muchas veces la indulgencia plenaria de los públicos para las malas tardes de Curro Romero. Total, si el toreo no deja de ser una religión cuya ceremonia se celebra en templos como La Maestranza. 

Fotografía de Beatriz Galiano




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