2020: El año que vivimos peligrosamente

Las cifras de las desgracias se enfrentan continuamente a las de la suerte. Mi mujer y yo la hemos tenido. En nuestro caso particular,  nos sentimos más que afortunados, porque al tiempo que diariamente se cuentan en España los más de catorce mil muertos de la pandemia, nosotros dos memorizamos en la cantidad de sitios que estuvimos sin parar antes del confinamiento.

Ahora nos querrán mucho en casa, pero mientras el Gobierno ya tenía conocimiento de infectados por el coronavirus y lo ocultaba para ser cómplice del 8 de marzo, nosotros fuimos a todas partes sin saber el peligro que corríamos: el estreno de una película con la sala abarrotada, cuatro exposiciones repletas de público, otros tantos almuerzos con decenas de personas, un vía crucis de miles de participantes, dos conciertos hasta la bola de gente, tres funciones principales de hermandades, un traslado de imágenes que para verlo tuvimos hasta que darle rodeos a unas cuantas calles, estuve trabajando en lo no esencial hasta el 13 de marzo y, por si fuera poco, nos pilló de paso  -porque en esas trampas no caemos-  hasta la manifestación feminazi del 8 de marzo.

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