Las hermandades de Sevilla inician su camino hacia El Rocío. La emoción en el Cerro y la originalidad en Tablada, notas más destacadas de la jornada

Sevilla avivó esta mañana el sueño de muchos rocieros que ya cuentan las horas para ver a su virgen. La hermandad del Rocío del Cerro del Águila y la Castrense de Tablada son las primeras que hoy, desde bien temprano, iniciaron sus caminos hacia la Aldea. Sin embargo, estas corporaciones no fueron las únicas en comenzar la marcha. Dentro de la provincia, Coria del Río y Camas también despidieron a sus hermandades con una considerable afluencia de público, aguardando, en el caso de la primera localidad, el cruce del Guadalquivir en barcaza de los peregrinos, siendo ésta una de las estampas más bellas de la jornada.

No hay exclusividad de momentos únicos en el día, pues, desde el Cerro del Águila, el sabor a barrio no se pierde. Su hermandad rociera fue la primera en salir esta mañana. A las 9.00 horas -previamente, a las 7.30, tuvo lugar su misa de romeros- la expectación fue total para presenciar, un año más, el encuentro entre el Simpecado y su “pueblo”. Festejo, lágrimas, abrazos, cánticos propios del momento… unidad de un barrio que dejó en nuestras retinas imágenes para el recuerdo. Las calles de su feligresía reflejaron el significado de esta pasión. Cambiaron aplausos cada vez que fue necesaria pronunciar una oración.


Otro de los momentos con mayor recogimiento de este primer día en la peregrinación de esta corporación sucedió en Mairena del Aljarafe con el canto de la Salve, interpretado, además de por los propios romeros, por las hermandades del Rosario y las Mercedes, acompañada también por la hermandad rociera del municipio -ahijada del Cerro-.

Simpecado de la Hermandad Castrense de Sevilla

En Tablada, la Castrense -única hermandad de la capital que sigue sin pertenecer a la Archidiócesis de Sevilla- fue la siguiente en fijar su rumbo. La corporación, que esta temporada celebra ya su sexto camino rociero, cuenta con algunas novedades. La más singular para su contexto se produjo, durante la misa de romeros, cuando al Simpecado se le impuso el fajín de general donado por Manuel Gimeno Aránguez, segundo jefe de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Todo un honor para una hermandad que cuenta, desde este año, con el título de real. Recuerden que el rey Felipe VI otorgó dicho reconocimiento el pasado 29 de abril y aceptó, además, convertirse en hermano mayor honorario de esta corporación militar. La salida por el acuartelamiento, como cada primavera, estuvo amenizada por los sones del tamboril, la gaita rociera y los pasodobles que, fervientemente, fueron ejecutados por la banda militar.