“Al acabar el verano teníamos un montón de canciones compuestas y empezamos a plantearnos la grabación de un nuevo disco. Teníamos poco tiempo si queríamos publicarlo en Febrero, lo pensamos durante dos minutos y nos lanzamos a por él. Empezaba la que iba a ser dinámica de este disco. Hablamos con Raúl de Lara, productor también de Demasié y aceptó la propuesta, llamamos a Antonio Illán, ingeniero de Safari Emocional y aceptó igualmente.  Era un reto para todos, nos miramos y se nos escapaba la risa, teníamos el tiempo justo, una ilusión y unas ganas enormes de entrar al estudio. Empezábamos Furor”. Así se presenta Varry Brava ante su concierto de este próximo viernes en la Sala Fun Club a las 22 horas.

Varry Brava es un grupo de indie pop creado entre Orihuela y Murcia en el año 2009. Está formado por ​Óscar Ferrer, vocalista, Aarön Sáez a los teclados y Vicente Illescas, guitarra. “Todo ha ido fluido, han sido dos meses de risas y buen rollo. Un proceso de composición y de preproducción espontáneo y fresco. Hacía tiempo que no lo pasábamos tan bien y eso se nota en las canciones. Tenemos ganas de que escuchéis el disco: diez canciones con la esencia más viva de Varry Brava. Hay mucho descaro y frescura. No hemos tenido miedos a la hora de desarrollar las canciones. Había que ser valientes. Nos hemos dejado llevar por el primer impulso. Si a lo largo del proceso de composición y grabación nos salía una risa seguíamos adelante. Nos hemos fiado de lo que nos hacía sentir bien. Más de una tarde hemos acabado bailando en el estudio mientras repasábamos el trabajo que habíamos hecho a lo largo del día. Un disco frenético, divertido y con mucho furor desde el segundo en el que dijimos: adelante.”


 

 

Boogarins, el cuarteto de Goiânia son los abanderados de la nueva ola de rock psicodélico brasileño. Dignos sucesores de los mismísimos Os Mutantes, llegan a Sevilla por segunda vez para presentar su tercer disco “Lá Vem a Morte”, y tras cerrar una gira este año por los mejores festivales del mundo incluido el gigante Coachella.

Fernando Almeida y Benke Ferraz, Boogarins, crecieron lejos de las metrópolis culturales de Sao Paulo y Rio, pero aún así la influencia del legado musical de grandes iconos de su país como Os Mutantes es patente en su pop psicodélico con espíritu abiertamente DIY y huyendo del exotismo de postal para reinventar la tradición brasileña entre punzadas de fuzz y canciones de una belleza atemporal.

Autodidactas y empleando equipo prestado en el sótano de casa de sus padres, compartiendo alma y espíritu con el tropicalismo pero iluminados por el actual underground internacional, la pareja consigue una foto perfecta y luminosa de sus jóvenes sueños y ambiciones en As Plantas Que Curam (Other Music/Fat Possum, 2013).

Manual, su segundo larga duración es un trabajo en el que los Boogarins nos sorprenden con su particular fusión de rock y psicodelia, que va acompañada de un delicioso aroma a trópico, ritmos que nos evocan en cierta manera el sonido de los clásicos de la música brasileña de la segunda mitad del pasado siglo, especialmente la de los años 60. En este disco, el sonido de los Boogarins se torna más sofisticado, más sinfónico, pero mantiene toda su calidez y sus letras siguen siendo igual de combativas y críticas que lo han sido a lo largo de su carrera.

La banda brasileña alternativa que más gira por el mundo vuelve sin aviso previo con Lá vem a morte, un álbum mitad cancionero y mitad experimental. Boogarins propone una nueva y sorprendente experiencia musical más allá de la neopsicodelia.

La ingenería de sonido que desarrolla Boogarins no tiene igual en el mundo. Aunque la prensa de Brasil suele situar a la banda entre las hordas neopsicodélicas, sus miembros están mucho más allá de la sonoridad deudora del pasado –o de Tame Impala– que abunda en estos tiempos. Lá vem a morte, su tercer álbum de estudio, llegó sin aviso previo; no hubo adelantos ni demasiado ruido en las redes sociales. Llegó como suele llegar la muerte, que es el personaje que se pasea de manera constante por el disco. Y también, como la muerte, tiene caras distintas.