¡Buenos días!

¡Buenos días! Para quienes viniendo de fuera quieran entender lo más pronto posible a una ciudad como Sevilla, no tienen más que poner el oído y escuchar sus sevillanas. En ellas lo contamos todo, lo explicamos todo, con ellas se nos comprende todo. Porque la vida entera cabe por sevillanas de principio a fin y hasta en el más allá de las marismas azules que se encuentran en el cielo. Nuestra existencia va de parte a parte por los cuatro palos como los cuatro costados que las componen. En su compás va el de nuestra propia vida en el arte de cantarlo y bailarlo todo: lo bueno y lo malo, el gozo y la pena, la llegada del amor y su despedida, cuando el amor es un viento que igual viene que va. Por sevillanas corre la sangre de esa vida que pasa y no has notado que la has vivido… Cabe tanto que, a veces, cuando menos te lo esperas, como te descuides, es la letra de una sevillana la que te engancha el muslo en medio de la diversión y te deja rota y sangrando la vena safena, porque “a todos nos han cantado en una noche de juerga coplas que nos han matado”. Las sevillanas nos cuentan en las propias historias ocultas que sus cantes divulgan sin pudor a los cuatro vientos, como si la ropa de cada uno se tendiera a la vista de todos. Otras veces, tienen prevista una cadencia cortés y educada con el ritmo de nuestros pasos por el mundo. Con ellas la vida puede caber en el breve espacio del aire donde se cruzan dos miradas. Y en ocasiones, como en esta mañana de un padre despidiendo a su hija volando hacia Londres después de haber disfrutado del gozo inefable de la Feria, me canta por sevillanas esa voz lastimada que un día supo proclamar, desde un difícil adiós, que “algo se muere en el alma…”. Pero… ¿quién dijo miedo? ¡Disfrutad este jueves!




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