¡Buenos días!

Foto: Beatriz Galiano

 

¡Buenos días! Y se lió, y se armó, y se formó… Son esas conjugaciones de Sevilla, como las ocurrencias más a mano que tiene la ciudad cuando ha de contar en corto y por derecho un suceso grandioso. Si no se sabe decir mejor ni más allá de lo magnánimo que lo magnánimo tuvo lugar, ahí está siempre la marimorena para ayudarnos. Se lía al salir la Macarena, o se formaba si Curro era Curro y había romero esparcido por la plaza de toros y las calles del Arenal. Y anoche se lió. La Feria alumbró su nueva vida. Levantamos las copas en un brindis primero por quienes en un tiempo ido amaron tanto estos días de la luz ferial y nos la enseñaron desde niños tan pronto como una tata nos daba papillas y nos montaba en las calesitas. Fue ese primer brindis elevado al censo inolvidable que está en los cielos, lo mismo que cuando arranca la Cabalgata el Ateneo te pide, en las carrozas o a los beduinos, que el primer puñado de caramelos sea lanzado para ellos, en esos momentos indescriptibles en los que el alma de mi familia siempre acaba cantándote “La tarara”. La colosal portada se encendió de fantasías mudéjares en cuanto Los del Río llenaron el aire de aquella sevillanía vanidosa y engreída que un día escribiera Javier Jiménez Sánchez-Dalp: “Soy sevillano, tengo más suerte que nadie”. Le pareció un Credo a mi hija Marta, recién llegada de meses en Londres. Y me acordé de Antonio Gala: “Lo malo no es que los sevillanos piensen que tienen la ciudad más bonita del mundo; lo peor es que puede que tengan hasta razón”. ¡A disfrutarla en este domingo!




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