¡Buenos días!

¡Buenos días! Alfonso Aguilar Martín se ha merecido uno de los tres premios Demófilo de este año. Para quienes queden a las orillas de entender el valioso significado de tal distinción, esos premios surgen en la Fundación Machado y se han ido otorgando a lo largo de un ya veterano historial originado en 1988 (del siglo pasado, como aclararían ahora los tontos que siempre se creen más listos y cultos que los demás). Una de las más fundamentales condiciones que han de reunirse por los elegidos, es la de colaborar al engrandecimiento de la Semana Santa de Sevilla. Eso quiere decir entre líneas que quedaron excluidos de toda consideración tantos como en este 2024 se dedicaron a todo lo contrario: a empequeñecerla. Alfonso Aguilar, al que yo llamaría a estas alturas encajero mayor y por excelencia del Reino, ha sido premiado en la categoría de obra de arte permanente, devolviendo a la Esperanza de Triana una pieza perdida como su toca de volantes, que sólo conservaban las viejas estampas y los retablos cerámicos, recuperada por una reconstrucción que alcanza el nivel de toda una proeza artística. ¡Feliz miércoles!




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