¡Buenos días!

¡Buenos días! Quizás fue Pascual González el que mejor cambiaba de tercio desde la nostalgia de la Semana Santa ida, a la Feria que estaba por venir. Cada Domingo de Resurrección, qué bien se abría de capa de nazareno de La Calzá a capa de toreo en La Maestranza. Había que ver cómo tocaba los dos palos seguidos de la Semana Santa y de la Feria. Mi querido Pascual fue el autor que supo escribir la Semana Santa para hacerla cruzar por sevillanas bajo ese puente de luces que es la portada de la Feria. Parecía llevarte los pasos desde la Campana al Real. No podía con Pascual ni el tío agobio y jartible que habla de Semana Santa todo el año, hasta en Matalascañas por el mes de agosto. No había toldo o sombrilla que pudiera ganarle al cantor de Híspalis, capaz de meter en una caseta a San Benito entero de barrio y penitentes, y contarte al Silencio en medio de rebujitos. Supo servirnos la copa, con cuerpo y hondura, de los dos aromas mezclados del incienso y la manzanilla, en esta cata insuperable de sabor que son las emociones de Sevilla.




 

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