¡Buenos días!

¡Buenos días! Ha sido una Semana Santa que se ha ganado ser inolvidable por todo lo contrario a como inolvidables se nos quedan otras. Pero agua pasada no mueve molino. Hoy el mes se llama abril. Y abril es como un sinónimo de Sevilla, que es maestra en cambiar de tercio. La dejas el Sábado Santo que parece que no sabrá quitarse el apego a la Semana Santa, y te la encuentras tan campante el Domingo de Resurrección vestida ya de irse a la Maestranza. Poco le duran los lutos a Sevilla. No hay más que ver las galerías esas de los periódicos y las revistas del colorín con los personajes entrando a la Plaza de Toros. Y en dos empujones que se le peguen a esta mañana de lunes con la hora adelantada, otro año estaremos diciendo que ya huele a Feria. La vida es en Sevilla un horizonte permanente de celebraciones para sobrellevarla. La copa a punto para un nuevo brindis por esto o por lo otro, y siempre por la salud, se diría que es parte natural de nuestras manos. Y a nuestro lado nunca falta un sabio que te advierte de la importancia que tiene el más mínimo rato de felicidad: “Esto es lo único que nos vamos a llevar”.




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