¡Buenos días!

¡Buenos días! Resulta paradójico que pueda ser precisamente la Semana Santa que casi no ha existido, justo la que vaya a provocar más análisis necesarios y urgentes de gravedad, útiles para cuando la Semana Santa vuelva el año que viene. Por supuesto que hablo de no existir una Semana Santa con procesiones, porque la Semana Santa nunca deja de ser. Leo los periódicos de estos días, escucho los comentarios televisivos, pego el oído a las conversaciones de las gentes, y percibo una crispación general que consiste en sentir que esto se está yendo de las manos. Yo no puedo abarcar aquí ni siquiera mis opiniones sobre un todo con muchas partes. Además, la Semana Santa de Sevilla está ya abocada inevitablemente, por una fatal inercia, a ser otro reflejo de la vida en su conjunto. Hay que ser tontos para no darse cuenta de estar cruzando por una época española y mundial en declive. Y con difíciles búsquedas de soluciones para tantos problemas. Encuentro el mayor escollo en haberse perdido el sentido común, el sentido de todos juntos. Pudo haber siempre dos modos de ver las cosas, la Semana Santa también… varios modos, no sólo dos, si se quiere; pero es intratable e insolucionable un mundo en el que cada cual lo ve de una manera distinta, porque eso ya no es diversidad de opiniones: eso es la vuelta a Babel. Feliz Viernes Santo.




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