¡Buenos días!

¡Buenos días! Si el tiempo acompaña, cuando me acerque hasta la Piedad del Baratillo nada más salga y empiece a recorrerme en emociones de niño y de hombre, las de toda una vida, esa sangre que tengo de la calle Adriano, su nazareno de presidencia Rogelio Gómez Trifón me dará la bendita estampa de todos los años, que lleva al dorso de la cara de la Virgen una pregunta hermosa: “Tenías 15 años. ¿Te acuerdas, Piedad?”. Y yo me acordaré no sólo de los 15 años de mi Virgen niña que, como en el Vaticano de Roma, también en el Arenal de Sevilla la Madre es más joven que su Hijo. Yo me acordaré también de tantos miércoles santos que hoy parecerán vivir todos juntos en el escalofrío de la memoria de este Miércoles Santo, al que le escribí versos de homenaje y agradecimiento a mis mayores: “¡Qué me gusta el Baratillo!, parece que lo estoy viendo desde niño en un balcón de casa de mis abuelos… Si parece que fue ayer, que no pasó nunca el tiempo, y cada Miércoles Santo otra vez al balcón vuelvo. Y se estremece la tarde como en un pase de pecho, del dolor hasta la muerte de mi Cristo sobre el lienzo. ¡No te lo pierdas, papá! ¡Que se asomen los abuelos!… Que parece inamovible el Miércoles Santo eterno… que yo sigo en el balcón, pegado justito al templo, mientras sale el Baratillo ¡tan sevillano y torero!




 

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