¡¡¡Buenos días!!!

Buenos días!!! Casi se nos había olvidado en Sevilla lo que es llover. Llover con ganas. Sin la timidez del chirimiri. Sin la educación del chaparrón que sólo viene de visita. Pero ha vuelto a llover como en esos días de Semana Santa en los que no te sale ni una cofradía a la calle. Y ahora, al menos por este fin de semana, caerá el agua, que se ha convertido en una necesidad urgente, apremiante. Es el agua venida de un cielo pródigo que parece apresurarse a salvarnos en los límites de la realidad de unos pantanos que bajan sus niveles hasta porcentajes preocupantes. Es la bendita agua que intenta socorrernos a última hora, esa hora en la que paradójicamente solemos decir que estamos con el agua al cuello. Hemos visto llover, lo que se dice llover. Hemos recuperado la memoria de cuanto sucede entonces: los charcos por aquí y por allá duplicando la belleza de la ciudad; la amenaza de los coches que a toda velocidad pueden salpicarnos mientras transitamos las breves aceras-cornisas de Sevilla en las que nos ponen chorreando; el bajo de los pantalones mojado; los paraguasde cinco euros insuficientes para cobijarnos, acosados por un viento fuerte que les busca el revés y zarandea palmeras y naranjos; ahogados los escuetos arriates de los árboles… Esto era llover y su largo catálogo de efectos. Ayer superamos el olvido. Y hoy os deseo un feliz sábado!!!




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