¡¡¡Buenos días!!!

Buenos días!!! Durante muchos años escribir fue para mí como librar una auténtica batalla campal sobre el estéril territorio del papel en blanco. Tachaduras. Enmiendas. Correcciones. Insatisfacción. Autocensura. Intentos de papel finalmente arrugados que acababan siendo desechables. Todo cambió al morir mi padre. Mis palabras insalvables se convirtieron a una fluidez inesperada. Algo así como si cada vez que descendiera mi cubo a un pozo, lo sacara lleno de agua. Había llegado para mí el tiempo de la hondura. Y tuve que volver a estrenar la vida como nunca antes la vida había sido. Durante el primer verano sin él, ni la arena caliente de la playa me quemaba los pies desnudos. Me sentía un faquir al que no le afectaba caminar sobre brasas ardientes. Hube de reinaugurar hasta el mar al que mi padre me llevó siendo un niño, bajo la luz hermosa de Huelva, por La Antilla, El Rompido o Punta Umbría. Ya no me quedó duda de que la vida de un hombre no es un número entero que lleve su edad, sino que va siendo dividida por ausencias y presencias. Y que, salvo en nuestro corazón, jamás logramos que estemos todos a la vez. Feliz miércoles!!!




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