¡Buenos días!

¡Buenos días! Esta es hoy, más que la salutación llena de felices deseos para todos, la crónica urgente y madrugadora de una Sevilla que se ha levantado muy temprano. Es la Sevilla que se va para el Rocío, la que a estas horas está celebrando sus misas de romeros, la que está a punto de emprender sus caminos aljarafeños en busca de la aldea. Es la Sevilla que cabe en Triana, en el Salvador, en la Macarena, en el Cerro del Águila, una Sevilla derramada en alegrías y emociones por las calles de sus barrios. La cohetería es una ascensión blanca y sonora que te lo cuenta: están saliendo las carretas. En el cielo queda su noticia de humo y estruendo. Volverán a cantarle a la Virgen poemas. Y el tiempo es esa extraña secuencia que deseamos detener entre lo que está pasando y nuestros recuerdos, los de otros rocíos, los de otras gentes, las que están cargadas de años, las del cordón renegrío. Me cuentan que ante la ermita ha nacido una rosa que quizás acabe cantada y florecida por los versos de otras sevillanas nuevas que sigan contando a la Madre de Dios.




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