¡Buenos días

 

¡Buenos días! Seguiré sin aparecer por calles en las que quepa esperarme, por las que se me pueda suponer, porque me niego en rotundo y en rotondas a terminar por lugares donde no habite la belleza. No pienso acabar en debates que para mí son insostenibles… y hoy hay tantos donde escoger. Cuando conquistas pacientemente y a lo largo de años tus ideas, sólo te interesan ya las ajenas si te parecen inteligentes, si pueden ayudar a las propias. Hoy sólo voy soñando caminos de la tarde machadianos, los que me lleven hasta la antigua e histórica Costanilla de Sevilla, hasta el Barrio de San Isidoro donde habré de encontrarme la salida procesional de la Virgen de la Salud, la advocación mariana donde mis abuelos hallaron en su ilustre vecina el nombre de mi madre. Con ella me acerqué a verla en sus últimos años de vida. Pero se emocionaba tanto que llegó al punto de decirme que no me acompañaría más. Era un palizón de añoranzas, de recuerdos y de memoria indeleble de tiempos pasados que la herían. Yo aún tengo lágrimas que puedo encarar y fuerzas para escuchar, en esta tarde de mayo, marchas gloriosas y triunfales que me hablarán de un Reino al que se fueron los justos. ¡Feliz domingo!




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